El Barcelona reina en Yeda y es el campeón de la Supercopa

El Barcelona volvió a reinar en Yeda

El Barcelona se impuso 3-2 al Real Madrid en una vibrante final de la Supercopa de España, en un partido que quedará en la memoria de la eterna rivalidad entre los dos clubes españoles más grandes, y que pudo caer de cualquier lado. Un encuentro que por momentos pareció una partida de ajedrez, pero que en los tramos finales de ambas contiendas, tuvo sus momentos más memorables.

El partido comenzó como se esperaba. Con un Barcelona dueño de la pelota y un Real Madrid agazapado esperando poder correr. Rodrygo arrancó el partido centrado para ayudar a marcar a Lamine, y la primera ocasión partió de la velocidad de Vinicius.

El Barcelona tenía la pelota pero no estaba fino en la circulación. La posesión tenía color azulgrana pero la sensación de peligro en esos primeros compases vestía de blanco y salía en forma de estampidas. El '7' blanco seguía teniendo el monopolio de las oportunidades, aunque en el minuto 13, pudo buscar a Gonzalo, en vez de terminar él una jugada tras irse de Koundé, al que se le vio superado en muchas fases del encuentro.

'Pedripasión'

En Arabia hay pasión por Pedri. En un encuentro con varias de las estrellas más rutilantes del planeta fútbol sobre el césped, en muchas fases del encuentro, el estadio grito al unísono el nombre del canario. Quizás no fuera su partido más brillante, pero el mediocentro español es de esos futbolistas tocados por una varita mágica.

La primera parte discurría con más tensión que juego. Una disputa entre Vinicius y Raphinha saldada a favor de este último, fue celebrada con furia por el crack azulgrana. Si Ancelotti consigue encajar y tener enchufados a estos dos, las opciones de Brasil para hacer algo en el próximo Mundial, aumentarán.

No fue la final de Lamine

Seguramente el hispano-marroquí jugó el encuentro renqueante de su lesión, pero lo cierto, es que Carreras es de los pocos defensas que le tienen ganado el cara a cara a Lamine. Desde su enfrentamiento en Champions con el Benfica, el defensa blanco suele imponerse en sus duelos, aunque es cierto que en la primera parte una entrada merecedora de amarilla le fue perdonada, lo que hubiera condicionado el duelo. 

Los minutos pasaban y el Barcelona iba inclinando la balanza a su lado poco a poco. Con la pelota, el Real Madrid no era capaz de dar tres pases seguidos ni romper una línea. Es muy fácil defender a este equipo, basta con entregarle la pelota y no dejarles correr. Hubo un balón que se fue por el área técnica de Xabi Alonso: el tolosarra controló el esférico que caía del cielo con clase…¡qué bien le vendría al Real Madrid un jugador como él!

El gran problema del Real Madrid: un problema de fútbol

La derrota, aunque con un partido digno por parte de los vencidos, seguro que vuelve a llenar horas televisivas y en radios, que si el entrenador no encuentra la tecla, que a si los jugadores les falta implicación... Y aún siendo cierto que Xabi Alonso parece estar traicionando el libreto que expuso en la Bundesliga, y con muchos jugadores bastante lejos de sus mejores prestaciones, la realidad es que el foco debería apuntar hacia otro lado.

Hay una falta de previsión en la plantilla, que entre Huijsen, Rudiger, Alaba o Militao, no suman ni un central sano; o el haber terminado la semifinal contra el Atlético con tres laterales izquierdos.

A este equipo se le fueron Raúl, Cristiano y Benzema, sus últimos tres grandes goleadores, y el club continuó ganando. Y lo hizo porque la sala de máquinas desbordaba fútbol: Casemiro era cemento armado, mientras que Kroos y Modric, cada vez que salían al campo, impartían una lección magistral de cómo mover a un equipo: la defensa parecía más segura porque los rivales atacaban menos; el portero no tenía que hacer milagros un día sí y el otro también; y los delanteros estaban más centrados en enchufarlas que en ir a correr detrás del balón.

Primero se fue el alemán y este año el croata, pero el Real Madrid no ha comprado fútbol, y sin creación en la sala de máquinas, el equipo no domina, no sabe qué hacer con la pelota, y le atacan con mucha facilidad ante las pérdidas reiteradas en la salida de balón. Y es que, sin ser malos futbolistas, el nivel colectivo que prestan los Tchouméni, Camavinga, Ceballos, Güler o Bellingham, queda muy lejos de la etapa reciente más gloriosa del equipo merengue.

En el fútbol actual, parece que tan solo Vitinha o Pedri son capaces de hacer bailar a un equipo. Pero ambos son fichajes imposibles. Uno porque el jeque del PSG tras lo de Mbappe no dará un resquicio de oportunidad a Florentino, y el canario, porque no se va a marcar un Figo 2.0. 

Visto lo visto, quizás sea el momento de cruzar los dedos y apostar por Nico Paz como el comandante del juego madridista. Cierto que el Como no es el Real Madrid, pero en su 'mili' por Italia está demostrando personalidad, carácter y calidad. Quizás habría que darle 10 partidos de titular indiscutible como a Güller al inicio de esta temporada. Y que el chaval demuestre si puede, cosa que al turco, parece no haber terminado de demostrar.

Tras la zozobra inicial, la primera parte comenzó a desmelenarse. El Barcelona tuvo la primera con un doble tiro en el 25' en una internada de Lamine y un latigazo de Raphinha, el MVP que repite estrellato por segunda edición consecutiva y corona esta con un más que merecido galardón al mejor jugador de la Supercopa.

Una pérdida en la salida de balón de Valverde, irreconocible en el partido tras su despliegue en la semifinal, montó una contra perfecta que, en dos toques, hizo que el omnipresente Raphinha se plantara solo ante Courtois. Su disparo mordido, salió escorado. Pero el brasileño iba a castigar la enésima pérdida en salida de balón, está vez de Bellinghan, y en la misma posición que en la anterior, esta vez, su tiro raso cruzado sí batió a Courtois. Era el minuto 35 y la sensación era de que se abría una brecha insalvable. ¡Qué equivocados estábamos!

El descuento más loco

El árbitro había dado 3 minutos de descuento. Nadie iba a imaginarse lo que el añadido tenía preparado. Vinicius hizo magia, sacando a pasear a Koundé y tras recorrer en paralelo el área, batió por bajo al meta catalán para imitar la icónica celebración de CR7 en el Camp Nou pidiendo calma. Mucho ruido para un jugador que necesita bajar les decibelios y las pulsaciones. Le toca a él decidir si quiere seguir marcando una época o frenar su progresión lamiéndose sus heridas. 

Y con la hinchada blanca eufórica, en la siguiente jugada, Lewandoski, un albañil del gol, superó la nula marca de Tchoumeni y Huijsen, para picar la pelota por encima de la salida de Courtois. Quizás Asencio no sea el mejor central del mundo, pero Huijsen podría contagiarse de la vitalidad del central canario, que en lo relacionado a la garra, tiene cosas que hacen recordar a Sergio Ramos.

Parecía que el encuentro se iría al descanso con el marcador de 2-1 pero en el añadido del añadido, Gonzalo marcó un gol a lo Raúl, enganchando con la espinilla un rebote que había repelido la cruzeta. El estadio se venía abajo. 2-2 y la sensación de estar ante una final apoteósica. 

Baila Vini, baila

El inicio de la segunda parte fue un monólogo de Vinicius, que en los primeros 10 minutos tuvo tres ocasiones claras, pero sobre todo, una sensación de superioridad pasmosa. Cada vez que encaraba a Koundé o Cubarsi, los dejaba atrás sin apenas inmutarse.

Se hablará poco, pero el partido de Jude fue dramático. Su rol en el equipo no puede estar en la construcción. Quizás el entrenador (este o el que venga) haría bien acercándolo al área rival, donde tan bien funcionó al inicio de su andadura en la liga española. Su enésima pérdida en la salida de balón con un trote cochinero, hizo que Raphinha se quedara otra vez solo ante el portero. El tanto blaugrana comenzaba a mascarse.

La final se calentó con una entrada entre canarios merecedora del color naranja. Asencio frenó una peligrosísima contra de Pedri con una fuerte patada, a lo que le enérgica protesta de Eric García, dio paso a la primera tangana de la Supercopa.

La final había entrado en una fase fea, donde los dos equipos sabían que el que se equivocara, la perdería. Después de la adrenalina de final del primer tiempo, los jugadores parecían necesitar bajar su cortisol para intentar tomar buenas decisiones.

Valverde pidió el cambio por problemas físicos. Flick oxigenó su línea de ataque sacando a Ferrán y Olmo, y su efecto se notó rápidamente. En el minuto 70, el Barcelona tuvo una grandísima oportunidad: Olmo sacó el metrónomo para poner calma donde otros se ponen nerviosos, y encontró a Raphhina cuyo disparo salió centrado.

Paradojas del destino, mientras Xabi reclamaba a Mbappé para entrar al campo, y mientras el galo se quitaba la sudadera, el Barcelona dio la puntilla. Un tiro sin mucho peligro de Raphinha rozó la puntera de Asencio y el esférico que cambió de trayectoria, se escapó de la estirada de Courtois. 3-2, el Barcelona ya tenía medio título.

Y cambiaron a Vinicius…

Otra vez que el brasileño se fue por otro lado para no saludar a su entrenador. Hoy no hubo aspavientos, aunque a los segundos, míster y jugador se buscaron para chocarse las manos. Se volverá a hablar mucho del cambio, y aunque es cierto que el brasileño ya daba muestras de cansancio, en ataque era mucho más peligroso que Rodrygo, que terminó el encuentro. Quizás hoy no le tocaba a Vini.

El Real Madrid no encontraba el fútbol necesario para crear peligro, pero iba a tener una última oportunidad. Y es que en un enfrentamiento generacional entre Mbappé y Lamine, el francés robó la pelota. De Jong, ya cansado de tanta brega, midió mal su entrada y su pie, que iba levantado del suelo, impacto en la espinilla del francés. Roja que en directo no lo pareció, pero que en la repetición, estaba más que justificada.

El conjunto merengue tenía 5 minutos por delante para empatar con un jugador más. Rasfhord pudo poner la puntilla pero le dio una última oportunidad al Real Madrid tras fallar un mano a mano. En las botas de Carreras, el Real Madrid tuvo el empate. Imposible entender como esa ocasión no fue gol. Con todo a su favor, simplemente para empujarla, su tiro, sin fe, terminó muriendo en las manos de Joan García que solo tuvo que recoger la pelota. Ahí estuvo la final. Tuvo otra el Madrid con un cabezazo a la salida de un córner al que había subido a rematar también el portero belga, pero la grada aún estaba atónita ante la oportunidad errada por el lateral blanco, que durante todo el partido estuvo sobresaliente en labores defensivas. 

Tras el pitido final, el cielo se llenó de pirotecnia para anunciar que de nuevo, el Barcelona, reinaba en Arabia. Una final trepidante que refuerza la sensación de dominio de los culés ante su eterno rival en los últimos tiempos.

La resiliencia de Araujo

Tras semanas alejadas del fútbol del que ha llegado incluso a rumorearse que dejaría, por sus problemas mentales tras su error en el partido de Champions ante el Chelsea, el charrúa saltó al campo en el descuento para sostener a su equipo en inferioridad numérica. El bravo central del Barcelona tuvo doble premio, y es que fue el encargado de levantar el trofeo al cielo de Jeddah.

La paradoja de la Supercopa en Arabia

Cada edición, el debate sobre celebrar la Supercopa de España al calor de los petrodólares se reabre. Aunque hay que reconocer que lo que solía ser un torneo menor que se colaba entre el Colombino, el Carranza o el Teresa Herrera, ha cogido gran relevancia mediática en los últimos años. Ganar la Supercopa no salva la temporada, pero perderla, y sobre todo, de forma estrepitosa, suele acompañarse de guillotinas, sino que se lo pregunten al bueno de Ernesto Valverde.

El debate sobre dónde debe disputarse esta competición, debería exigir una mayor reflexión. Los precios de las entradas en el fútbol español, hacen que la autenticidad de las aficiones locales se esté perdiendo, ya que en los grandes estadios, los tickets son tan caros que el socio de toda la vida se está viendo desplazado por el turista que no va a animar al equipo, sino a su jugador favorito y a hacerse el mejor reel para sus redes sociales. Quizás imitar el modelo alemán, acercaría de verdad el fútbol español a sus aficionados, y entonces, en ese momento, el debate sobre si disputarla en Arabia o en Qatar, como parece que será el próximo acuerdo con la Federación, o hacerlo en una ciudad española, tendría más sentido. 

Pero al final, el fútbol se ha mercantilizado de tal forma, que para que el negocio sea sostenible en el tiempo, hacen faltan que cada vez se disputen más partidos y en sitios más dispares. De tanto ordeñar la vaca, la vamos a dejar sin leche.

Para imitar

Durante toda la semana, ni un incidente en la grada, donde se han mezclado camisetas rivales con cordialidad y deportividad, felicitando a los ganadores y consolando a los vencidos. Algo tan lógico, que por desgracia, parece impensable en España, donde llevar la camiseta del equipo rival, te convierte en blanco de las iras de la otra hinchada. Muchos han convertido el fútbol en la coartada imperfecta para pagar sus frustraciones.

..Juan Toral /@juatorsan 

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