El Real Madrid elimina al Atlético y se cita con el Barcelona en Yeda

El Real Madrid está listo para enfrentar al Barcelona en la Supercopa

El Real Madrid se llevó ante el Atlético de Madrid un partido más emocionante que brillante, por lo que Arabia verá el domingo la final soñada.

Aún no tenían que estar todos los jeques sentados en sus cómodos sillones cuando Valverde metió un zapatazo antológico por la escuadra. Una falta centrada y alejada de la frontal del área, en la que el uruguayo buscó el cuerpo de Sorloth, el jugador más alto de los 22 que había en el césped, que pareció hacer un escorzo acrobático en el aire para evitar recibir un pelotazo. El hueco habilitado, hizo que el misil se colara por la escuadra. Era el minuto 1, Valverde celebraba su golazo extasiado, tirándose al suelo y dándose puñetazos en la cabeza, mientras en el estadio sonaba el "Así, Así, Así gana el Madrid".

El gol, mérito total del uruguayo, también ensalza a Gonzalo. El canterano fue quién sufrió la falta tras recibir de espaldas un balón imposible y bajarlo con una facilidad pasmosa. Un recurso del que el Real Madrid viene prescindiendo desde hace años.

El Cholo, que ya tiene gran parte de su temporada salvada tras el 5-2 en Liga, tenía la excusa perfecta para justificar una hipotética derrota con ese gol en la primera acción del partido.

La involución de Belligham

Bellinghan que ayer fue el encargado de dar la cara en rueda de prensa, arrancó el partido con empaque Zidanesco, pero su figura se fue apagando hasta hacerse invisible sobre el campo. Es curioso como el inglés, que comenzó domando a los rivales y convirtiendo su icónica celebración en los goles al grito de Ey Jude! en santo y seña del madridismo, ha ido perdiendo peso en la influencia del juego. Bellingham sigue jugando muchos minutos, desplazando de la ecuación a Güler y relegando a la nada a Mastantuono. Quizás la lesión de hombro le alejara de su mejor nivel, pero lo cierto es que sigue sin encontrar la versión de jugador diferencial que asombró al mundo.

El Cholismo es una religión que sin el calor de los fieles feligreses del Metropolitano, hace que el equipo pierde parte de su fe. El Atlético de Madrid se presentó en el campo pero no lo disputó con la misma entrega y pasión como combate en sus duelos ligueros de local, que hace que para el Real Madrid, cruzar el antiguo Manzanares se convierta en un dolor de muelas. Aún así, si el deporte hoy habría sido boxeo, se habrían terminado llevando el combate por los puntos. Le falto pegada, o veneno: la araña estuvo lejos de su nivel y al Atlético no le dio para llevarse el partido. 

A las rencillas históricos de ambos equipos, se ha sumado una nueva, como se evidenció tras un nuevo enganchón entre Valverde y Baena, que se repartieron agarrones y empujones sobre el césped. Han pasado años desde su incidente en el parking del Madrigal, pero donde hubo fuego, siempre quedarán cenizas. 

El Real Madrid comandaba en el marcador, pero no conseguía imponerse en el juego. Vinicius se quedaba dormido y la salida a la contra colchonera obligó a Camavinga a robar una pelota peligrosísima jugándose el penalti. El brasileño parece haberse estancado en su juego: no ha adquirido nuevos recursos y ya le han cogido la matrícula. Le toca reinventarse sino quiere dejar de ser protagonista.

Antes de la media hora, el Real Madrid tuvo el último momento de brillantez al encadenar dos ocasiones sus delanteros brasileños. Clarísima ocasión de Rodrygo que tras una frenética contra, y regatear al último defensor, su tiro encontró al guardameta esloveno. Acto seguido Vinicius cabeceó alto una oportunidad que Santillana habría convertido en gol.

Pero tras estos sustos, el Atlético se adueñó de la pelota y del partido. El primer paradón de las muchas paradas meritorias de Courtois, fue en el 32' al sacar un cabezazo que se colaba tras un saque de esquina. El Atlético se sacudía las dos oportunidades blancas con dos suyas ya que a los dos minutos, el gigante noruego cabeceó a las nubes un centro que era medio gol.

Camavinga, que siempre tiene pinta de tener cualidades para marcar una época, se volvió a quedar dormido en la salida de balón. Es tan exuberante físicamente como poco fiable. Una pérdida dio lugar a dos tiros en la misma jugada que pudieron suponer el empate.

Al descanso, lo más justo habría sido un empate, ya que el Atlético, sin hacer nada del otro mundo, terminó adueñándose del último tramo de la primera contienda. El Real Madrid suele pecar una y otra vez del mismo mal y es que es incapaz de dominar y mantener la intensidad durante los 90 minutos.

Los colchoneros salieron mejor en la segunda parte, obligando al Real Madrid a replegarse en bloque bajo. Vinicius era una máquina de perder duelos, y la sensación al ver a Rudiger despejar centros laterales, era como estar viendo a un bombero achicando agua tras una inundación. Pero en el fútbol, la pegada lo es todo, y el Real Madrid volvió a presumir de ella. Un control orientado de Rodrygo tras un pase filtrado desde la banda de Valverde, sirvió para que el brasileño se quitara el mal sabor de boca tras su gran oportunidad en la primera parte, y esta vez sí, batie a Oblak con un tiro cruzado. 

Pero de repente, y contra toda lógica, cuando el Real Madrid parecía tener ganado el partido, cambió la inercia. No habían pasado ni cinco minutos, cuando un balón colgado por Giuliano a la espalda de Asencio, conectó con la cabeza de Sorloth, que esta vez sí hizo valer su estatura, y estrenó la cuenta de su equipo. Algo más de 30 minutos por jugarse y de nuevo volvía a haber partido.

El físico de Rudiger, más tieso que la mojama, dijo basta y de repente, Mendy volvía a aparecer en un partido importante en el que coincidieron en el campo tres laterales izquierdos. El Cholo, menos activo de lo habitual en los cambios, estaba tardando en reactivar a su equipo, como esperando que el gol de Sorloth fuera suficiente para cambiar definitivamente la dinámica e igualar la contienda.

Todos los cambios de Vinicius traen cola

Esta vez no hubo aspavientos como en el Clásico, no había motivos. De hecho, su aportación en los 80 minutos que estuvo sobre el césped, dejó un saldo negativo. Valverde buscaba a la grada para pedir el aplauso hacia su compañero, pero la tensión se adueñó del momento cuando el brasileño se encaró con Simeone, que durante el partido, y según captaron las cámaras, llegó a decirle al brasileño que Florentino lo iba a echar del Real Madrid. Hoy, se jugaron el hambre con las ganas de comer. Ambos, Vinicius y Simeone, son habituales en estos menesteres, lo que les aleja de ser ídolos a imitar.

La llegada del empate se merodeaba, y la duda era si al Atlético le iba a dar tiempo antes de los 90 minutos. Las acciones se sucedían, alguna de ellas clarísimas. En el 85', un disparo cruzado de Llorente rozó el palo. Xabi Alonso seguía moviendo el banquillo, pero sin encontrar la reactivación de los suyos, que parecían más pendientes del reloj que de frenar al rival. Cada llegada al área era sinónimo de peligro. Tchouaméni se multiplicaba para intentar sostener la línea defensiva, y de forma milagrosa sacó con la puntera un pase de la muerte que los de rojo y blanco ya cantaban como gol.

En el descuento, un tiro cruzado de Julián Álvarez terminó convirtiéndose en un pase de la muerte que no encontró rematador. Y con el conjunto blanco y casi toda la totalidad del estadio pidiendo la hora, se llegó a la conclusión de un partido que no deja muertos en la cuneta. El Atlético tendrá la coartada de la pegada y los detalles del otro fútbol que diría Luis Aragonés, y el Real Madrid de Xabi Alonso, vuelve a dejar la sensación de que sigue conectado al respirador. Los próximos 90 minutos dictarán sentencia. La Supercopa puede sellar una herida o mandar a la UCI a un equipo que no termina de encontrar los automatismos. 

Arabia tiene su final soñada. El domingo, un nuevo clásico, el duelo por excelencia del fútbol español.

El idilio de Valverde y Arabia

Fue en Arabia y ante el mismo rival cuando el pajarito comenzó a convertirse en halcón, ganándose el corazón del madridismo. Su sacrificio en forma de expulsión en esa zancadilla a Morata cuando ya prácticamente estaba celebrando el gol, fue la primera piedra para su capitanía. Sin ser lateral, Valverde hace de la banda derecha una autopista, volcándose el juego del equipo hacia su zona de influencia, dejando en evidencia a los dueños de la banda izquierda.

El rol de Gonzalo

Conociendo al tolosarra y su apuesta en el Leverkusen, llama la atención el poco protagonista que está teniendo el único delantero puro que tiene el Real Madrid en su plantilla. Parece evidente que cuando Mbappé no esté en la enfermería (en sala de prensa ha confirmado que vuela mañana para Jeddah), la punta de flecha será para el gallo. Pero un jugador como el canterano es clave. Gonzalo es el primer defensa del equipo, presionando como un poseso cada salida del balón para no dejarles pensar y dificultar la fluidez del juego rival. Mbappé, aún siendo el gran responsable de los goles del equipo, no es un 9 puro y aunque es cierto que ha perdido la explosividad que lucía en su juventud, puede que escorado a la izquierda con un 9 puro a su lado, luzca más y pueda contribuir más en la presión colectiva.

Pero no es al galo a quién tendría que dejar en el banquillo. Entre Rodrygo, Vinicius y el pichichi del Mundial de Clubes de este verano, hay dos puestos y un suplente, que por jerarquía y evitar incendios, parece condenado a ser para el canterano de la eterna sonrisa.

Pausa de hidratación

Es cierto que si lo comparas con Madrid, la diferencia térmica es grande, pero ¿no parece exagerado hacer una pausa de hidratación con 25 grados de temperatura?. ¿Y por qué no se paró ayer si las condiciones climatológicas eran iguales? Entre esas interrupciones, las simulaciones y los parones del VAR, cada vez se hace más difícil mantener la atención del espectador. 

Para darle una vuelta

La sensación que me da el partido, es que si el Atlético de Madrid hubiera querido ir a por él con más convencimiento, se lo habría terminado llevado. No tiene que ser fácil ser campeón ganando en 3 días a Real Madrid y Barcelona, así que parece hasta entendible, que por la diferencia económica que hay en el reparto de premios de la Supercopa, los colchoneros reservaran sus energías para otros retos más rentables y equitativos. Una vez que concluye el acuerdo firmado por Piqué, habría que darle una vuelta a las diferencias salariales de los cuatro equipos que la disputen. 

..Juan Toral /@juatorsan 

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